Este pequeño bebé se va transformando poco a poco en un diminuto oficinista: su ropa se transforma en un trajecito arrugado; Luego, su cabello se vuelve desordenado, aparecen círculos oscuros debajo de sus ojos y aparece una taza de café en su mano. Luego, se sienta en una silla de oficina giratoria negra, su pequeño cuerpo casi escondido detrás del escritorio, con las piernas colgando y balanceándose. El fondo cambia a un cubículo de oficina desordenado, con montones de documentos y la pantalla de una computadora portátil brillando. El bebé bosteza, con el rostro lleno de agotamiento y cansancio: un retrato en miniatura vívido y humorístico de la ansiedad adulta en el lugar de trabajo.